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EL NIÑO QUE QUISO LA LUNA

Hubo una vez una madre que amaba tanto a su hijo que vivía solo para complacerlo, siempre estaba al pendiente de lo que el niño pedía. Era tan desmedido su amor que no se fijaba que el niño pedía solo por pedir, para saber hasta donde su madre estaba dispuesta a hacer por él.

Y así llegó el día que de tanto darle cosas, ya nada le era  suficiente. Sentía un vacío, no era feliz.

Su madre al verlo, le preguntó:
— ¿Qué te pasa mi niño? ¿Qué nesecitas?.
Pídeme lo que quieras. Yo te haré feliz.

Y el niño, sabiendo que ya se lo había dado todo, quiso probar y le pidió algo inalcanzable. Esperando un NO por respuesta, le dijo:
— ¡Quiero la luna!

No vio el asombro en el rostro de su madre. Sólo la vio salir ...

Tardó un poco y al verla llegar, grande fué su sorpresa ...

Mamá traía la luna.

Al ocurrir esto ... Cuando la noche llegó, el cielo se oscureció y todo quedó en penumbras.

Fué hasta entonces que el niño reaccionó y se dió cuenta de su gran error.

La luna era de todos.

Nadie tenía derecho a tenerla para sí mismo, por mucho que la quisiera.

Entendió que nada nos pertenece, que todo en esta vida es prestado y valoró todo el amor desmedido de su madre para hacerlo feliz. Comprendió también que nadie puede darnos la felicidad; que es en  nuestro interior donde debemos encontrarla.

Entonces, después de haber aprendido la lección, fué y puso la luna en su lugar. Abrazó a su  madre y le agradeció por todo  su amor.

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