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EL RATÓN INGENUO

Había una vez un ratoncito que nunca había salido de su casa.  Un día, después de mucho pensarlo decidió viajar para conocer el mundo, tomó su maleta y se fue. Era la primera vez que salía, y estaba muy emocionado pero también muy temeroso. 

Después de varios días, regresó a su casa, y le dijo a su madre:  —“Tengo muchas historias que contarte, mamá ... Conocí a unos animales maravillosos que no creí que existían, pero como soy muy tímido, no pude hacer muchos amigos.

Entonces su madre le dijo que le contara acerca de esos animales: 
—“Háblame de ellos. ¿Cómo eran?”.

El ratoncito se sentó ansioso por contarle sus aventuras, y empezó:

—"Caminaba muy tranquilamente cuando, justo al doblar la esquina en dirección hacia el patio, vi a dos extrañas criaturas.

Una de ellas tenía una mirada muy amable y sincera, pero la otra, era el monstruo más temible que te puedas imaginar. ¡Tendrías que haberlo visto! ...

Era un animal muy grande.  Tenía plumas de muchos colores, y volaba un poco por los aires. Llevaba una corona roja de carne encima de su cabeza y caminaba inquieto, rasgando el suelo con los dedos de los pies, golpeándose los brazos salvajemente contra los costados. En el momento en que me vio, abrió su boca puntiaguda como si me fuera a tragar, y luego dejó escapar un chillido penetrante, que me asustó casi hasta la muerte.

Si no hubiera sido por ese monstruo terrible ... Podría haber conocido a la otra bella criatura, que se veía tan buena y tan gentil.

Tenía un pelaje grueso y aterciopelado y unos bigotes como los ratones; pero mucho más grandes. Hacía un sonido muy suave, me hubiera gustado mucho haber sido amigo de este animal tan bondadoso ...
Su cara era tierna con una mirada modesta pero muy hermosa porque sus ojos eran grandes y brillantes ... Mientras me miraba, agitó su larga y fina cola y me sonrió.

Estoy seguro de que estaba a punto de hablarme cuando el monstruo del que te hablé, dejó escapar un grito y corrí a salvar mi vida".

—"¡Hijo mío!", le dijo su madre asustada ...

"Esa gentil criatura que viste no era otra cosa que un un gato, que bajo su hermosa y adorable apariencia, esconde un inmenso rencor contra cada uno de nosotros. Nunca debes de confiar en él aunque aparente ser muy dulce y amistoso.

Él es nuestro mayor enemigo porque le gusta comerse a los ratones. ¡Tienes suerte de que no te haya hecho daño!.

... El otro animal era un gallo que no haría daño a nadie en lo más mínimo, al contrario, siempre procura que nos levantemos a tiempo, al cantar cuando se eleva el sol.

En cuanto al gato ... Agradece hijo mío, que escapaste sano y a salvo ... Mientras vivas, nunca más juzgues a los otros por su aspecto".


Moraleja:
No te dejes llevar solo por las apariencias externas, hay personas que pueden ser muy distintas en su interior. Lo más importante son nuestros buenos sentimientos.

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