Ir al contenido principal

LA LEYENDA DEL GIRASOL

Hab铆a una vez un jard铆n lleno de flores de cada especie, en el que crec铆a, justo en el centro, una planta sin nombre.

La planta era robusta; pero desgarbada, con flores paradas que no emanaban un perfume particular; pero a cambio ten铆a un coraz贸n lleno de bondad, sue帽os e ideales.

Las otras plantas nobles del jard铆n la consideraban como una mala hierba y no le dirig铆an la palabra.

Cuando los primeros rayos del sol llegaban a hacerle cosquillas a la tierra y a jugar con gotas de roc铆o para que parecieran iridiscentes diamantes en las camelias y rub铆es ... Y zafiros en las rosas, las otras plantas se tornaban flojas.

La planta sin nombre no se perd铆a un solo rayo de sol. Se los beb铆a a todos, uno a uno, disfrut谩ndolos plenamente.

Transformaba toda la luz solar en fuerza vital, en az煤cares, en savia ... Tanto que con el paso del tiempo su tallo, que antes era raqu铆tico y d茅bil, con el tiempo se convirti贸 en un estupendo tallo robusto, derecho, de m谩s de dos metros de altura.

Las plantas del jard铆n comenzaron a prestarle atenci贸n y a tener tambi茅n un poco de envidia por su hermosa apariencia.

"Ese chico grande, est谩 un poco loco", susurraban las dalias y margaritas.

La planta sin nombre, no las escuchaba.

脡l ten铆a un proyecto: Si el sol se mov铆a en el cielo, lo seguir铆a para no abandonarlo ni un instante. No pod铆a desarraigarse de la tierra; pero pod铆a forzar a su tallo a girar al un铆sono con el sol.

Las primeras en darse cuenta de esta iniciativa de la planta sin nombre fueron las hortensias que, como todos saben, son muy chismosas ...

- "¡Se enamor贸 del sol!", comenzaron a propagar a los cuatro vientos.

- ′′¡El espig贸n, est谩 enamorado del sol!", dec铆an riendo, los tulipanes.

- ′′¡Oh, qu茅 rom谩ntico!", susurraban, p煤dicamente, las violetas.

La maravilla toc贸 la culminaci贸n cuando en la cima del tallo de la planta sin nombre, floreci贸 una hermosa flor que se parec铆a de una forma extraordinaria justo al sol: Era grande, redondo, con una raya de p茅talos amarillos, de un hermoso color dorado, c谩lido.

Y seg煤n su h谩bito, continu贸 siguiendo al sol d铆a tras d铆a en su caminata a trav茅s del cielo.

As铆 fue como los claveles le pusieron nombre: GIRASOL.

Se lo pusieron para burlarse; pero en poco tiempo todos lo acogieron como un nombre hermoso. A todos les gust贸, incluyendo al directo interesado.

Desde ese momento, cuando alguien le preguntaba su nombre, respond铆a orgulloso:

"¡ME LLAMO GIRASOL!".

Rosas, hortensias y dalias no cesaban de susurrar sobre lo que, seg煤n ellos, era una rareza que ocultaba demasiado orgullo o peor a煤n, alg煤n sentimiento muy desordenado.

Fueron las bocas de le贸n, las flores m谩s valientes del jard铆n, las que hablaban directamente al Girasol.
-"¿Por qu茅, siempre miras al sol? ¿Por qu茅 no nos diriges una mirada? ... A煤n as铆, somos plantas, como t煤", gritaron las bocas de le贸n, para hacerse sentir.

- ′′Amigos", respondi贸 el Girasol.

"Estoy feliz de vivir con ustedes; pero amo el sol. Es mi vida y no puedo apartarme de 茅l ... Lo sigo, en su camino ... Lo amo tanto, que ya siento que me veo un poco parecido a 茅l. ¡Qu茅 puedo hacer! ... El sol es mi vida".

Como el Girasol hablaba fuerte, escucharon todas las flores del jard铆n. Y en el fondo de su peque帽o y perfumado coraz贸n, sent铆an una gran admiraci贸n por el enamorado del sol.

馃尰

El Girasol se considera hoy en d铆a como s铆mbolo de perseverancia.

No es una virtud "ciega". La perseverancia es la actitud de quien se propone un objetivo claro, un ideal. Luego cueste lo que cueste, trabaja duro para alcanzarlo. Los ideales pueden transformar positivamente a todo aqu茅l que los persiguen.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LAS DOS RANAS

Cierto d铆a un grupo de ranas viajaba muy alegremente por el bosque; pero derrepente sin darse cuenta, dos de ellas cayeron en un agujero. Todas las dem谩s se reunieron al alrededor de ellas y cuando vieron cu谩n profundo era aquel lugar, les dijeron a las otras dos, que era mejor darse por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron saltando con todas sus fuerzas para salir del hoyo, mientras que sus compa帽eras segu铆an insistiendo que sus esfuerzos para seguir con vida, eran in煤tiles. Finalmente, una de ellas puso atenci贸n a lo que las dem谩s dec铆an y se rindi贸, se desplom贸 y muri贸.  La otra rana continu贸 saltando tan fuerte como le era posible y una vez m谩s, la multitud de ranas le gritaba y le hac铆an se帽as para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no ten铆a caso seguir luchando. Pero la ranita segu铆a saltando cada vez con m谩s y m谩s fuerzas hasta que finalmente logr贸 salir del agujero; todas se quedaron ...

LOS TRES VIEJITOS

Una mujer sali贸 de su casa y vi贸 a tres viejos de largas barbas sentados frente a su jard铆n. Ella no los conoc铆a y les dijo: -"No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo". Los ancianos preguntaron: -"¿Est谩 el hombre de la casa?" -"No", respondi贸 ella, "No est谩". -"Entonces no podemos entrar", dijeron ellos. Al atardecer, cuando el esposo lleg贸, ella le cont贸 lo sucedido. -"¡Entonces diles que ya llegu茅 e inv铆talos a pasar!, y la mujer sali贸 r谩pidamente a invitar a los hombres a pasar a su casa. -"No podemos entrar a una casa los tres juntos", explicaron los viejitos. -"¿Por qu茅?", quiso saber ella. Uno de los hombres apunt贸 hacia otro de sus amigos y explic贸: -"Su nombre es RIQUEZA". Luego indic贸 hacia el otro:  -"Su nombre es 脡XITO y yo me llamo AMOR. Ahora ve adentro y decidan a cu谩l de nosotros tres, desean invitar a vuestra ...

LA CIEGA

Hab铆a una ciega sentada en la calle, con una taza y un pedazo de cart贸n, escrito con tinta negra, que dec铆a: "Por favor, ay煤denme, soy ciega" Un creativo de publicidad que pasaba frente a ella, se detuvo y observ贸 unas pocas monedas en la taza. Sin pedirle permiso tom贸 el cartel y le dio vuelta. Tom贸 un marcador negro que el llevaba y escribi贸 otro anuncio. Volvi贸 a poner el pedazo de cart贸n sobre los pies de la ciega y se fue.   Por la tarde el creativo volvi贸 a pasar frente a ella. Esta su taza estaba llena de billetes y monedas. La ciega reconoci贸 sus pasos y le pregunt贸 si hab铆a sido 茅l, la persona que reescribi贸 su cartel y sobre todo, quer铆a preguntarle ¿Qu茅 hab铆a escrito? El publicista le contest贸: -"Nada que no sea tan cierto como tu anuncio; pero con otras palabras". Sonri贸 y sigui贸 su camino. El nuevo mensaje dec铆a: "Hoy es primavera y no puedo verla" . Si haces lo que siempre has hecho, obtendr谩s los resultados que siempre ...